martes, junio 21, 2005

La frágil distinción entre lo público y lo privado. !!!

La conmutación de la pena a la 'burrier' israelí Lee Heifetz es un verdadero escándalo.
El problema es que las explicaciones ofrecidas por el ministro de Justicia y por los miembros de la Comisión de Conmutación son, lamentablemente, inconsistentes, pues si bien ofrecen un argumento que puede ser válido para reducir la pena de Heifetz, no demuestran qué era lo particular de su caso en relación con los de muchos otros 'burriers' que cumplen condena por el mismo motivo.
En cambio, todos los indicios apuntan a que el expediente de Heifetz estaba digitado desde el propio centro del poder en el Perú, a pesar de que el presidente Alejandro Toledo sostenga que no lee periódicos ni las resoluciones que firma.
El hecho de que varios integrantes del entorno del presidente sean de procedencia israelí -su esposa Eliane Karp, su jefe de seguridad Avi Dan On, el primer amigo de la Nación Adam Pollack o el empresario Josep Maiman-, junto con la proximidad de la visita oficial a Israel, son elementos que apuntalan una hipótesis que no es endeble.
Peor aun, está la trayectoria del mandatario y de su entorno más cercano de no contar con una clara distinción entre la esfera de lo público y de lo privado, un concepto que es fundamental en la gestión de un Estado.
La lista de hechos que apuntan en esa dirección es amplia: el encuentro clandestino con el juez del caso Zaraí, el indebido contrato de asesoría entre la primera dama y el Banco Wiese por US$10,000 mensuales, usar el avión presidencial para asistir a un evento privado como la clausura del año académico en la Universidad de Stanford, las gestiones de Pedro Toledo para las concesiones de Telecomunicaciones Hemisféricas, los bien pagados puestos para los sobrinos 'Coqui' y Paola, los ascensos 'fast-track' de los oficiales militares ligados a Palacio, etc.
La conmutación de la pena de Heifetz es legal pero políticamente incorrecta porque se hace a dedo y no con criterios estándares que se apliquen al margen de la conexión del beneficiado con Palacio de Gobierno.
Eso es lo verdaderamente escandaloso en este caso.
Augusto Alvarez Rodrich

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