martes, mayo 24, 2005

Un Sinverguenza Más? !!

El congresista Javier Diez Canseco siempre ha aparecido como un santo varón y un implacable acusador, pero tiene un par de historias que desdibujan esa imagen...
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El expediente JDC
Su nombre ha estado ligado por años a la extrema izquierda. Javier Diez Canseco Cisneros (JDC), aquel implacable congresista fiscalizador que busca aparecer en los medios de prensa como un feroz caballero andante, un terrible Catón que brama y gesticula contra toda injusticia y abuso, tiene en su pasado un par de procesos civiles que lo descubren al filo de la ética, esa que tanto suele proclamar: uno es sobre la muerte del chofer asignado a su despacho –manejando el camión del legislador y realizando labores particulares para él, en horas de trabajo– y otro sobre el proceso en su contra por intentar apropiarse de un terreno ajeno en Lurín. A veces los anaqueles del Poder Judicial guardan sorpresas. En la siguiente nota desempolvamos dos expedientes archivados y, con ello, también dos historias inéditas que pueden cambiar el rostro o, acaso, mostrar una nueva y oculta faceta del hasta ahora temido e intocable legislador Javier Diez Canseco. Caso 1: Usó a personal del Congreso para trabajos particulares Ocurrió el 10 de diciembre de 1998. Entonces, la Policía de Huarochirí reportó un grave accidente de tránsito a la altura del km 99 de la Carretera Central, al promediar las 2.20 de la tarde. El camión del fatídico choque era de propiedad del parlamentario Javier Diez Canseco, y una de las dos víctimas mortales a causa del suceso fue Edvin Valdivia Vilcarromero, chofer del Congreso asignado a su despacho parlamentario. ¿Qué hacía el chofer del legislador manejando el camión particular de éste, solo y en plena carretera a tres horas de su centro de labores? Según información proporcionada por la Oficina de Personal del Congreso, ese día del accidente Valdivia –quien conducía el camión de placa XI-2978 marca Mitsubishi Fuso, color azul y trasladaba una carga hacia Lima por encargo de su jefe– no estaba de franco, tampoco había tramitado una licencia de permiso. Cumplía, eso sí, una función distinta a la que figura en su contrato, en buena cuenta un "cachuelo" para Diez Canseco pagado con fondos del Estado. A sus deudos, viuda y dos hijos, el Parlamento les abonó puntualmente los beneficios de ley por CTS, indemnización por muerte accidental y devengados acumulados hasta el mismo día del accidente por 28, 932 soles en total. Pero el fondo del asunto, ese desvío del personal a labores particulares, eso jamás fue investigado... La tragedia también ocasionó daños materiales a terceras personas, los mismos que tampoco fueron asumidos directamente por el congresista. El día del accidente, Valdivia transportaba a Lima una máquina compresora de tornillo valorizada en cuatro mil dólares de la empresa M.R. Perú S.A. Esta misma máquina operaba en el centro minero Yauliyacu, Casapalca, y había registrado algunas fallas, por lo que era llevada a Lima para su reparación. M.R. Perú S.A. terminó demandando a JDC como propietario del vehículo siniestrado y a la empresa que formalmente aparecía en las facturas como encargada de dicho traslado, Transportes Hurón S.A. Resulta que la citada empresa había destinado para la misión al camión arrendado por el parlamentario. Lo que no queda claro –insistimos– es porqué en esta larga cadena de encargos aparece el chofer asignado por el Congreso haciendo una labor ajena que posiblemente iba a generar al legislador un dinerito extra. El 5 de marzo del 2001, el 4to Juzgado Civil del Callao –a cargo del proceso indemnizatorio– ordenó que Diez Canseco pague a los dueños de la máquina el monto de cuatro mil dólares. Pero al final un fallo de la Corte Superior lo liberó de toda responsabilidad, a pesar de que sus huellas aparecían a lo largo del trayecto: tenía a su chofer y a su vehículo en medio de la pista. Según las piezas procesales, a las que accedió Correo, fue la empresa que lo contrató quien terminó pagando los platos rotos: 48 mil dólares por daños y perjuicios. ¿La justicia se "chupó" con el temible político?
Caso 2: Líos por tierra ajena Luis Linares Cabrejos tuvo el disgusto de ver cómo un parlamentario con la imagen de eterno defensor de los derechos humanos intentó apropiarse de su terreno de 308 m2 en el distrito de Lurín, que él había adquirido 25 años atrás. Era enero de 1992 cuando JDC, entonces todopoderoso senador por Izquierda Unida, obtuvo un cuestionado título de propiedad de dicho terreno ubicado a orillas del mar, en la Mz. A 26, lote 3, del asentamiento humano Nuevo Lurín, también conocido como Playa Baja. El mencionado título fue expedido por el Ministerio de Vivienda y Construcción en virtud de que, tres días antes, la resolución directoral 039-92-VC-1500 –del mismo ministerio- incluía a JDC y a su cónyuge, doña Liliana Panizo Muñiz, dentro del padrón de moradores de la zona, brindándoles la condición de posesionarios que no tenían. Desde entonces se inició una dura batalla legal entre Linares y los Diez Canseco. Por ejemplo –según se lee en el expediente C94-230752– el verdadero propietario, asustado por las constantes amenazas de la esposa del influyente legislador, solicitó garantías personales a la Prefectura de Lima. Esto, a pesar de que lo respaldaba una minuta de compra-venta otorgada por la Municipalidad de Lurín el 19 de mayo de 1968 y recibos de pago por servicios básicos y arbitrios que, por cierto, tampoco tenía JDC. Pese a todo, nuestro "padre de la patria" logró inscribir en agosto de 1992 su título de propiedad en los Registros Públicos, con la ficha signada con el número 468466. ¿Cuánto pagó Diez Canseco por el terreno? Según la cláusula tercera del contrato registrado, formalmente, sólo nueve soles más otros 41.60 soles (saneamiento físico legal). Es decir, poco más de unos risibles 50 soles por un terreno literalmente frente al mar y de más de 300 m2. Por ese mismo concepto, Linares había pagado hace más de dos décadas al municipio de Lurín la suma de 1,232 soles, que era mucho más dinero en aquel entonces. En febrero de 1996, la Corte Superior de Lima finalmente falló contra Diez Canseco, declarando nulo su título de propiedad, y por lo tanto nula también su cuestionable intención de apropiarse de un bien que no era suyo. Dos historias, un mismo personaje principal. Como siempre, Correo quiso consignar aquí la versión de JDC, pero en su celular nos contestó hasta en dos ocasiones su asesora de imagen, Magali Zevallos, quien a pesar de su compromiso con nosotros, simplemente no cumplió: la entrevista solicitada por esta redacción nunca fue confirmada por Diez Canseco, cosa rara en él, que siempre responde a cualquier llamado de la prensa.
Algunos deslices
Hasta ahora a JDC sólo se le conocía ciertos detalles cuestionables: En 1995, y en plena campaña electoral para el Congreso, quiso cobrar al Estado por tres años de trabajos que... no hizo. Presentó una acción de amparo ante el 18° Juzgado Civil de Lima exigiendo sus remuneraciones y compensación por tiempos de servicios del período parlamentario 1990-1995, lapso que no cumplió por el autogolpe fujimorista de 1992. Dicho proceso culminó en marzo de 1999, cuando la demanda fue declarada improcedente. De no ser así, el Estado, o sea todos los peruanos, le íbamos a pagar por tres años de "trabajo virtual". Se ha cuestionado también que uno de sus asesores del Congreso haya cobrado jugosos honorarios por éxito y que el padre de éste se haya beneficiado por una iniciativa que JDC patrocinó ardorosamente. También que actualmente el parlamentario esté impulsando canjes de acciones que podrían beneficiar a otro de sus fieles asesores.
Las bodas de plata de Javier
JDC está a punto de cumplir sus bodas de plata en el Legislativo, camino a convertirse en el nuevo Roger Cáceres Velásquez, el recordado "Kennedy del Altiplano". Desde 1978 a la fecha ha sido constituyente, diputado, senador y congresista. Sólo "descansó" cuando Fujimori disolvió el Congreso, entre el 5 de abril de 1992 y julio de 1995 (pero recordemos que pretendió cobrar por ese lapso), y el año 2000. Es decir, ha vivido la mayor parte de su vida de los cheques que cobra en el Parlamento. Políticamente ha postulado al Congreso por Unión Por el Perú, Izquierda Unida y Unidad Democrático Popular. Ha sido también secretario general de Vanguardia Revolucionaria durante cuatro años y ocupó el mismo cargo en el Partido Unificado Mariateguista (PUM) durante otros siete años, donde encabezó a la facción más ultra: los "libios", que estuvieron a punto de irse a la lucha armada contra la oposición de los llamados "zorros", pacifistas liderados por Santiago Pedraglio.
Tomado de Correoperu.com.pe
Paola Miranda
Unidad de Investigación
pmiranda@epensa.com.pe

1 comentario:

Anónimo dijo...

seria bueno que tambien pongan la respuesta de javier diez canseco al dia siguiente que fue publicada en el mismo diario