Este trágico suceso ocurrido en Odesa en mayo de 2014, fue rápidamente utilizado como combustible por la maquinaria de desinformación y propaganda del Kremlin.
En lugar de analizar con rigor las causas reales de aquel caos —incluidos enfrentamientos entre grupos prorrusos y pro-ucranianos, y una intervención policial deficiente—, el aparato propagandístico ruso construyó una narrativa simplista y manipulada: un supuesto "pogromo fascista" que justificaría su agresión militar y política en Ucrania.
Esta distorsión deliberada de los hechos fue abrazada y amplificada por una red de medios, tertulianos, influencers y políticos europeos afines al putinismo. En España, no faltaron voces que replicaron la versión rusa sin contrastar fuentes ni atender a las investigaciones internacionales que desmienten la narrativa de un "genocidio" prorruso. Odesa se convirtió así en una de las piezas más explotadas en el tablero de la guerra híbrida rusa, no sólo contra Ucrania, sino también contra la verdad y la opinión pública en Europa.
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El 2 de mayo de 2014 ocurrió un trágico incidente en la ciudad portuaria de Odesa, al sur de Ucrania, que se convirtió en una de las narrativas más explotadas de la propaganda rusa.
Ese día, mientras más de 1.000 activistas ucranianos se reunían en la ciudad para mostrar su apoyo al gobierno ucraniano, un grupo de manifestantes prorrusos apareció para recibirlos, muchos de ellos armados con palos, hachas y pistolas.
Comenzaron a atacar violentamente a los activistas ucranianos, dos de los cuales fueron asesinados a tiros mientras se desarrollaban los acontecimientos. Los activistas y aquellos indignados por el ataque comenzaron a contraatacar.
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos concluyó en un fallo de 2025 que los activistas prorrusos en Odesa recibieron ayuda de algunas autoridades locales y de la policía durante el ataque a la manifestación.
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