domingo, julio 12, 2026

La falsa dicotomía: El sistema actual o el "socialismo/comunismo".




Uno de los mayores mitos políticos en el Perú es que solo tenemos dos opciones: el sistema actual o el "socialismo"/"comunismo".


Eso nunca ha sido cierto.
El Perú debería rechazar los regímenes autoritarios como los de China, Cuba y Venezuela. Pero también debería dejar de fingir que la única alternativa a los problemas actuales es elegir entre un modelo que prioriza determinados intereses económicos y un sistema de control estatal total.
Las democracias más exitosas del mundo demuestran que existe otro camino.

Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia.
Estos no son países comunistas ni economías planificadas. Son democracias capitalistas con empresas prósperas, emprendedores, mercados financieros e innovación. Han optado por combinar una economía de mercado con amplios sistemas de protección social para que el crecimiento económico beneficie a una parte más amplia de la población.

Sus ciudadanos tienen acceso a atención sanitaria sin riesgo de ruina económica. Los trabajadores cuentan con mejores licencias familiares y por enfermedad. La educación es más accesible. El transporte público suele ser más eficiente. La pobreza es menor, la esperanza de vida es mayor y la clase media es más sólida.

Ninguno de estos países es perfecto.
Pero demuestran algo que el Perú todavía se resiste a debatir con serenidad: el capitalismo, las políticas sociales y la responsabilidad fiscal pueden coexistir. Un país puede fomentar la inversión, la innovación y la creación de riqueza mientras garantiza servicios públicos de calidad, infraestructura moderna y oportunidades reales para todos.

Durante las últimas décadas, el fujimorismo y otras fuerzas políticas afines han defendido un modelo económico que, según sus críticos, ha priorizado la estabilidad macroeconómica y el crecimiento, pero ha dejado rezagos importantes en áreas como la educación, la salud, la protección laboral y la reducción de la desigualdad.
Mientras tanto, con frecuencia se presenta cualquier propuesta para fortalecer el Estado, aumentar la progresividad tributaria o regular determinados abusos empresariales como un paso hacia el comunismo.
Ese argumento pierde fuerza cuando se observa la experiencia de otras democracias.
Los países con los niveles de vida más altos no son estados comunistas. Son democracias capitalistas que han incorporado políticas de bienestar para mejorar la calidad de vida y ofrecer mayor seguridad económica a sus ciudadanos.

El Perú tiene el talento, los recursos y la capacidad para hacer lo mismo. No necesitamos reinventar todas las soluciones; podemos aprender de las políticas que han funcionado en otros países, adaptarlas a nuestra realidad y construir instituciones más eficaces.
Eso no es comunismo. Tampoco es socialismo extremo. Es pragmatismo.

En este momento, hay muy poco de nuestro sistema que otras democracias desarrolladas quisieran copiar.
Difícilmente admirarían las brechas de nuestro sistema de salud y educación, las deficiencias de nuestra infraestructura, la inestabilidad política, los altos niveles de informalidad, la persistente desigualdad o nuestra dificultad para alcanzar consensos sobre políticas públicas en temas como los derechos reproductivos, la igualdad ante la ley o la protección de las minorías.

El futuro del Perú no debería definirse por políticos que recurren a etiquetas como "socialismo" o "comunismo" cada vez que alguien propone fortalecer los servicios públicos o reducir la desigualdad.

Debería definirse por nuestra disposición a aprender de las democracias que han logrado combinar crecimiento económico, instituciones sólidas y una mejor calidad de vida para la mayoría de sus ciudadanos.

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