lunes, diciembre 15, 2008

"Alán García es Arrogante y Soberbio".


A continuación una interesante entrevista a César Hildebrandt, publicada en el Diario La República. Dicha entrevista se realizó a raíz de la reedición esta semana de su popular libro de entrevistas “Cambio de palabras”.
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Por: Emilio Camacho

- ¿Por qué tiene tanta fascinación por estropearle la fiesta al presidente García?
- Bueno, y por qué algunos diarios tienen la obsesión de tocar en la orquesta. Podría hacerse usted la misma pregunta, de repente sería una autopregunta.
- Y se la tomo. Pero a lo que me refería es que la reedición de su libro -en esta época en la que el Presidente aparece superoptimista y se le ve supereufórico- es profundamente pesimista. Usted nos enrostra que ya no están presentes Haya de la Torre, ni Luis Alberto Sánchez, ni Jorge del Prado.
- Bueno, pero es un hecho irrefutable que la política se ha vuelto un mausoleo y un recuerdo, y una nostalgia Y que ahora está ocupada por gente como la que tiene el Congreso, y por sucesores absolutamente discutibles y, en un amplio sentido, abiertamente traidores. Como el señor Alan García, que ha exterminado el centrismo que pudo legar Haya de la Torre y lo ha convertido en un derechismo entusiasta. Los entusiasmos del doctor García, además, dependen de ciertos compensadores de la neurotransmisión. No dependen del entorno, ni del contexto. El es un hombre que puede darle recetas a Obama, o a todos los presidentes de APEC, y que puede decir una semana que el país está blindado y que es virtualmente invulnerable, y para a la semana siguiente urgir al Congreso que levante la fiscalización de la Contraloría para poder gastar diez mil millones con urgencia, porque la crisis se nos viene. Entonces usted comprenderá, que ante esa inestabilidad, quien sea optimista junto con el presidente está en la nave de los alucinados.
- ¿Es por eso que el Presidente no está incluido en la nueva edición de Cambio de Palabras?
- No, porque yo no le solicité ninguna entrevista y no era necesario, porque era un libro de entrevistas pasadas, y ninguna de las entrevistas que yo le hice a García valían la pena de ser publicadas. Ninguna. No es otra razón, sino una editorial, la que ha pesado en esta decisión.
-¿Y por qué Valle Riestra sí está? ¿Y por qué, sospechosamente, en la entrevista que consigna de Valle Riestra, ambos llaman arrogante al presidente García?
-¿Y por qué usa el adverbio sospechosamente?
- Se lo pregunto. Podría ser que usted trata de descalificarlo…
- …Pero ese es un adverbio estalinista, persecutorio, conspirativo. Hombre, ambos pensamos lo mismo porque curiosamente es verdad. Es arrogante, es soberbio. Y además tiene todo el poder. No todos los arrogantes tienen poder. Pero el es un arrogante con excesivo poder.
-¿Y eso es un peligro?
- Bueno, es un peligro para quienes le temen, porque les produce una autocensura temblorosa, sudorosa, escalofriada.
-¿Y cuándo se convenció de que Alan García era arrogante? Usted votó por el en 1985, y en una reciente columna que le dedicó a Javier Valle Riestra confesó que el fue su amigo.
- Sí claro. Todos somos amigos de nuestros amigos hasta que nuestros amigos dejan de ser nuestros amigos. Evidentemente las amistades concluyen cuando deben concluir. La arrogancia de García, mezclada con la corrupción, se da entre los años 88, 89, 90, cuando, frente a una crisis como la que había desatado su absoluta ignorancia en materia económica, el no sólamente no la enfrenta, sino que la acentúa, con medidas todavía más desatinadas. El partía de la premisa que le dictaba Daniel Carbonetto, su asesor económico por aquel entonces. Un argentino estrafalario que pensaba que se podía convivir con la inflación y no importaba el grado de tal inflación. García empezó a jugar con la inflación, hasta que esta adquirió vida propia. Y cuando la inflación llegó a ser cuarenta por ciento mensual, García no tomó las medidas necesarias. Por eso es que terminamos con una inflación de tres mil y pico por ciento. A partir de allí empieza la arrogancia del doctor García que se manifiesta no solamente en el hecho de que no tiene capacidad de autocrítica, sino que juzga a los demás desde una perspectiva de superioridad muy elemental. El cree que el poder da superioridad, y cree que llegar al poder supone un test de inteligencia y de talento. No recuerda que Sánchez Cerro fue presidente o que Odría fue Presidente…
-O que Fujimori también lo fue.
-Es que a el no lo considero dentro de los presidentes del Perú.
-Es entendible.
-Pero está bien, tiene usted razón.
-Me queda claro porque piensa que el Presidente es arrogante. Lo que no comprendo es cómo se hicieron amigos, qué le pareció interesante del entonces joven diputado del Apra.
-Bueno, el se enfrentó a la maquinaria del partido que manejaba Armando Villanueva. Y en las internas del 83, cuando derrota a esta maquinaria, el se yergue como el aprista joven que va pulverizar lo que queda del bufalismo, y lo que queda del esperpento viejo y caricaturesco del Apra conservadora. García llega al partido a cambiarlo, llega al país a cambiarlo, llega a la política a cambiarla. Llega con un mensaje deslumbrantemente bien dicho de renovación, y mire como ha terminado.

LOS ADIOSES DE HILDEBRANDT

-¿Me está diciendo que a usted lo cautivó la verborrea de García?
-No, no, no. Si la verborrea me cautivara en este país, imagínese.
-Pero usted lo ha dicho…
-No, no. La verborrea no me cautiva. Me puede cautivar la elocuencia cuando está sostenida por los hechos. En ese caso estaba sostenida por los hechos. Hasta que llegó y demostró que en realidad las palabras no estaban sustentadas en principios y solo eran palabras. Pero, hasta que no lo demostró había que confiar en el. Yo confié en el hasta donde pude. Dejé de confiar en el, además, cuando dio demostraciones clarísimas de haberse enriquecido. Cuando nos enteramos de sus propiedades, del piso en París, de su tren de vida internacional. Todo esto demostró que el señor García no había sido pulcro con el tesoro público…
-Y hasta ahora hay secretos que salen a la luz. La casa en Los Pulpos, por ejemplo.
-Sí, claro, que el había negado al principio y que aparentemente se la ha vendido al ministro Chang por una módica suma. Es un añadido que ensombrece toda su gestión, porque cuando se pone en el plan fenicio de rematar el país la pregunta que surge legítimamente es: y cuánto hay de comisión. Y quién estará detrás de la venta de las catorce hectáreas del Pentagonito. ¿Graña?, ¿Su amigo Pepe?, ¿Pepe el Vivo?, ¿Pepe botellas?. Algún Pepe será, porque eso no es gratis. Y lo más grave de esto es que se le está arrebatando al ejército una zona importante de expansión de sus instalaciones, en un momento en que en La Haya está viendo un problema limítrofe que debería obligar al Presidente a ser cauto en su relación con las Fuerzas Armadas. Esto es algo muy próximo a la figura de traición al país.
-Quiero volver al libro. ¿Por qué incluyó en esta reedición la entrevista a Manuel Scorza? Usted ya había dicho que sentía remordimiento por cómo trató a Scorza en su entrevista. Dijo que en ese momento buscaba más el pleito que la verdad, y esa es una cita textual.
-Bueno, está porque primero se produjo…
-Es real. Pero esa no es la duda…
-Es un diálogo auténtico. Segundo, está porque probablemente quería enfrentarme yo a mi propia vergüenza, y tercero porque de pronto hay mucha gente que no va a ver este diálogo como algo vergonzoso, sino como algo romano, de gladiador, cruento y atractivo por eso. La verdad es que, en perspectiva, a mí Manuel Scorza nunca me gustó como escritor. Sus novelas me parecen absolutamente recargadas, y su prosa me parece fantástica, pero efectivamente muy cursi. Scorza se aproxima al lirismo, y normalmente el lirismo es incendiario y quema. El lirismo contamina el alma de rosas. Hay que ser muy fino, hay que ser Martín Adán para aproximarse al lirismo y no quemarse. Chocano se quemó, y Scorza se quemó cuando quiso hacer de sus novelas estos cantares de gesta de los andes gimientes, de los cuarenta, treinta y veinte. Cuando quiso ser el Ciro Alegría llorón. Yo tuve la ira del lector decepcionado. Del lector maniático, escrupuloso, perverso y maligno que confronta a un autor. Y casi nunca se da la oportunidad a un lector para que confronte a un autor.
-¿Usted utilizó el pretexto de una campaña electoral para pedir cuentas a Scorza por lo mal que le habían sabido sus libros?
-Yo creo que la cosa se dio así por el carácter de Scorza. El era muy iracundo, y muy picón. Y muchas partes de la entrevista lo demuestran. Yo estoy en una foto muy tranquilo y el me está amenazando. Me está diciendo: Usted no va a publicar esta entrevista, usted no tiene ningún derecho de publicar esa entrevista, yo desautorizo esa entrevista porque yo tengo derecho sobre mi imagen y usted no va a jugar con ella. Yo por supuesto la publiqué.
-Usted también era picón entonces.
-No, no, yo fui a hacer una entrevista y tenía que publicarla. El no tenía ningún derecho de prohibirme publicarla porque el no había salido bien. Osea que si hubiera salido bien, me hubiera exigido publicarla. Mire señor, es como si yo lo dijera en este momento que esta entrevista no debería salir en La República.
-Pues yo prefiero que salga.
-Por supuesto. Usted tiene todo el derecho de publicarla. Yo no tengo ningún derecho de incurrir en la impertinencia de pedirle que no lo haga.
-¿Tiene sesenta años cumplidos, verdad?
-Sí, es cierto.
-¿Y es más reflexivo y menos impetuoso de cuando empezó a hacer este tipo de entrevistas?
-No, contra lo que creen los jóvenes. La edad de la razón, no viene con la edad. Felizmente conservo mis ímpetus, tengo intactas mis intolerancias, no he pretendido mejorar nada y no me he vuelto un buen muchacho.

“ESTOY ORGULLOSO DE HABER TRABAJADO EN LA CONAPS"

-Cuándo le dijo a Pedro Salinas que el gobierno de Velasco fue el que más daño le hizo a la prensa, ¿pensaba en el joven Hildebrandt de menos de 30 años, que trabajó para la dictadura militar?

- Yo no trabajé para la dictadura militar. Yo trabajé para el proyecto Conaps (Comisión Nacional de Propiedad Social). Jamás trabajé para la dictadura militar en el sentido de contribuir a que se cercenaran libertades. Yo trabajé para Conaps y trabajé un año. Un año en el que Caretas estaba cerrada. Yo estoy orgulloso de haber trabajado en Conaps. En ese tiempo de pasiones, probablemente nos equivocábamos y mucho. Pero la oligarquía ha creado aquí la leyenda de que Velasco fue el demonio. Pero lo que no sabe la gente, y no dice la prensa, es que lo único que quiso hacer Velasco es impedir que gente como Guzmán prosperara. Si la reforma militar hubiera tenido éxito, Abimael Guzmán no habría surgido, y el terrorismo no nos habría causado daño. La revolución de Velasco fue anticomunista, trató de quitarle argumentos a los movimientos radicales. Y para eso, claro, había que hacer la reforma agraria y enfrentarse a la mano dura de la derecha.
- ¿Y esa mano dura estaba encarnada en la prensa? ¿Por eso era necesario cerrarla?
- Bueno, pera esa derecha fue la que venció. La que derrotó a Velasco, y la que recuperó los periódicos que hoy solo dicen que Velasco fue el demonio, y que fueron años perdidos (los de su régimen). La pregunta es: ¿Ahora que estos medios fueron devueltos, realmente sirven a la libertad de expresión?. Sí, en muchos sentidos. ¿Sirven a intereses? Sí, también. ¿Responden a intereses específicos de sus dueños? Sí, también. ¿El Comercio dirigido por Héctor Cornejo Chávez era un periódico sectario? Sí. ¿Tendencioso? Sí. ¿Sesgado? Sí. ¿Y ahora es sesgado? Sí. ¿Tendencioso? Sí. Claro que ahora pertenece a Pepe Graña y ya no al gobierno militar. Entonces, miremos las cosas con un poco más de horizonte. El problema de la libertad de prensa en el Perú, es que los periodistas no hacen la prensa. La prensa la hacen los dueños. Y los periodistas son instrumentos conscientes o no, de los intereses de los propietarios.
- ¿Y Caretas fue un medio tendencioso en ese momento?
- No, porque Caretas nunca tuvo grandes intereses. Caretas es una revista pobre que pagaba la quincena con las justas y sigue haciéndolo.
- Pero igual fue parte de la resistencia al gobierno de Velasco, junto con los otros medios.
- Sí claro, fue parte de la resistencia al gobierno de Velasco en la medida que este gobierno enfrentó a la prensa. Y Caretas estuvo gremialmente junto con esa prensa. Pero yo no estoy haciendo la historia de Caretas, estoy haciendo la historia de ese momento en que la prensa fue expropiada de modo antidemocrático y luego entregada a sus legítimos propietarios, que en vez de convertirla en la prensa de todos, la han convertido en la prensa de muy pocos.

IBOPE, CANAL 11 Y BELMONT

- ¿Se ha cruzado con Ricardo Belmont en los pasillos de Canal 11?
- No, he ido a su casa. He estado un par de veces con el. Y ese es un término exacto. He ido dos veces a hablar con el. Y es imprescindible, porque el es el dueño del canal. Y yo trabajo en ese canal, aunque sea una isla.
- Pero esa debe ser una convivencia difícil. Ya no está Beatriz Merino para llamar a la calma a Ricardo Belmont cuando el decía (durante el gobierno de Alejandro Toledo) que usted mordía la mano que le daba de comer.
- Bueno, imagínese. Ahora trabajo en su canal. Osea que el que va tener que comerse sus palabras y buenas mordidas es el. (Risas). Pero en fin, son cosas que se dicen.
- ¿Qué es más fácil? ¿Vivir en presencia de Belmont o en ausencia del rating? Se lo digo, porque canal 11 no cotiza a Ibope.
- Bueno, es una política del canal. Estar fuera del sistema en la medida que el sistema es hostil, y en la medida que Ibope Time es una mafia cuestionable. Son 600 televisores puestos donde antes se ha hecho un perfil sicológico y donde hay comprobadamente errores en el pulso del aparato que manda las señales a la central. Entonces, es todo muy falible, todo muy manejable. Y esto se ha convertido en una mafia donde los publicistas de las centrales y los medios deciden quién sobrevive y quién no en la televisión. Así que a mí me da lo mismo. Si Canal 11 estuviera en Ibope, yo tendría cero puntos de rating porque no soy parte del sistema. Yo soy el que el sistema expulsó y quiso matar. Yo soy el sobreviviente. A mí me sacaron del Canal 2 para desaparecerme de la televisión. Belmont me ha permitido resucitar.
- ¿Y en serio no le interesa nada del rating? ¿En el 2002 usted decía que era lo primero que veía al llegar a la oficina?
- Sí claro, porque era el sistema. Era lo que había que respetar. Pero a mí nunca me interesó el rating personalmente, sino como director de programa, probablemente en un momento de competencia. Lo que pasa es que Ibope en el 2002 todavía tenía la herencia de Manuel Saavedra de CPI y era una compañía más independiente. Pero poco a poco se ha ido integrando a un sistema mafioso.

UN SOCIALISTA SOLITARIO

- En el prólogo de Cambio de Palabras de 1981 dice que no ha perdido su fe en el socialismo...
- Y no la he perdido.
-¿Todavía no la ha perdido?
-No, sin el todavía.
-Pero es un creyente sin partido.
-Pero que más da. Sin partido, sin iglesia, sin paraguas, sin cobertor, sin hangar, sin tarjeta de socio, sin Regatas. Sí, y qué más da. La soledad no es tan mala. No crea que el gregarismo salva, la multitud tampoco salva. Matricularse en grandes fes colectivas tampoco salva. Lo que lo salva a uno es no avergonzarse, y yo no me avergüenzo de nada de lo que he hecho. Admitiendo que me he podido equivocar mil veces, por exceso de pasión o por falta de ella, jamás he vendido una opinión, jamás he arrendado un punto de vista, jamás he alquilado un comentario y jamás me he doblegado ante un dueño de medio de comunicación. En eso sí reclamo estar invicto.
-¿El socialismo de Javier Diez Canseco no le es cercano? Finalmente, son amigos y tenían un proyecto periodístico en común.
- No, no me es cercano. Javier sigue creyendo que Fidel Castro es un líder, y es un dictador. Javier sigue creyendo que Chávez es una esperanza, y Chávez es un payaso, un remedo de Bolívar, un libertador con crudo en la cabeza. Javier sigue creyendo que el marxismo leninismo podría ser la base intelectual de una reforma, y yo sigo creyendo que la dictadura del proletariado y su degenerada versión de Europa Oriental y Cuba son precisamente producto de la lectura correcta y ortodoxa del marxismo leninismo. No hay como no ser autoritario y expropiador de voluntades populares si uno cree en el marxismo leninismo. Lo cual no significa que Marx no acertara en muchas cosas y que Lenin no fuera un gran combatiente. Entonces no. No creo en lo que cree Javier. En cambio sí creo en Javier, porque puedo hacer un distingo, entre el Javier generoso que ha entregado su vida a la causa del cambio, y el Javier marxista leninista que no es un fácil amigo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno Cesar esta en lo suyo. Y eso es lo que deseamos de el quienes lo apreciamos como periodista. Pero, es necesario darle credito al entrevistador.

Anónimo dijo...

Definitivamente que el retorno de César a las pantallas incomoda y causa nerviosismo en las esferas del poder, pero para quienes queremos escuchar análisis con base, opiniones certeras, y críticas fundamentadas a lo que los demás medios aplauden a ciegas, es una genuina alegria tenerlo de regreso. La entrevista ha sido muy interesante, y comparto al 100% el título sobre la personalidad de Alan García, es un hombre arrogante y sobervio, el cual fue el mal menor por el que muchos votamos, pero a estas alturas ya no estoy tan seguro que tan menor fue el daño que nos espera.

Anónimo dijo...

Cuánta diferencia, astronómica, entre Cèsar Hildebrandt con el sibarita Vargas que hace comentarios en RPP.

Anónimo dijo...

Inmortal este tio