viernes, noviembre 23, 2007

Pasaporte Azul !

La publicación de una investigación en la Revista Caretas, sobre la posible vigencia de la nacionalidad Israelí de Baruch Ivcher, indudablemente pone sobre el tapete la legalidad de haberle pagado una millonada por los daños que le ocasionó la persecución durante el régimen de Fujimori.
La pregunta es: ¿Se llegará al fondo del asunto?. César Hildebrandt, nos entrega un interesante artículo sobre el tema.
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El señor Baruch Ivcher ha sido puesto al descubierto por la revista “Caretas”.
¿Con que peruano “como la carapulcra”, no?.
“Caretas” acaba de revelar que Ivcher es israelí vigente, israelí de pasaporte azul número 9013330. Un lapidario documento dirigido al consulado de Polonia en Lima confirma lo que la revista sospechó desde hace un año: Ivcher ingresó a Varsovia, el 24 de junio del año 2000, con el pasaporte de Israel del que jamás, ladinamente, se había desprendido.
Entonces, cuando Ivcher se proclamaba apátrida sin nido, indocumentado errante, ¿mentía? Tatatatá…
Y cuando juró notarialmente que ya había renunciado a la nacionalidad de su madre patria, Israel, ¿mentía? Uy, uy, uy. (La fórmula fue esta, tal como recuerda la revista que ahora dirige Marco Zileri: “Renuncio a la nacionalidad israelí, pues mi deseo es adoptar la nacionalidad peruana y para lo cual, desde ya, me someto a las leyes del Perú, renunciando en forma expresa al principio de doble nacionalidad en el caso de que en mi país de origen subsista la nacionalidad a la cual renuncio”. Firmado: Baruch Ivcher Bronstein. Notaría de Luis Vargas Horna, 6 de diciembre de 1984).
Por lo tanto, cuando el fujimontesinismo –al que había mimado hasta fines de 1996– arguyó que Ivcher había adquirido la nacionalidad del Perú de forma irregular, ¿dijo, aunque fuere por esa vez, algo que se pareciese a la verdad? Ay, ay, ay.
Por lo tanto, ¿cómo podían haberle arrebatado una nacionalidad que no tenía por haber sido conseguida con métodos ilegales como la falsedad genérica y la mentira notarialmente certificada? Y es que en 1984 la ley peruana establecía que la adquisición de nuestra nacionalidad sólo podía fundarse en la renuncia efectiva de cualquiera otra que hubiese tenido el peticionario. E Ivcher no hizo lo que la ley mandaba, con lo que impregnó de intrínseca nulidad todo el trámite.
¿Y cómo es que pudo fundamentar su denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, si el argumento de su demanda era el despojo de una nacionalidad que él mismo había invalidado con su mentira?.
Y cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos falló en contra del Estado peruano y a favor de Baruch Ivcher, ¿acaso no lo hizo teniendo la certeza de que Ivcher era, en efecto, peruano? ¿Acaso no lo hizo conmovida, entre otras cosas, porque Ivcher se llamaba a sí mismo un paria, un hombre despojado de identidad, un apátrida en contra de su voluntad, un ex ciudadano israelí que había logrado ser legítimamente peruano en la convicción de que las leyes de este país se respetaban? ¡Achachau!
Y cuando esa misma Corte domiciliada en Costa Rica fijó un monto indemnizatorio de setenta mil dólares para Baruch Ivcher, ¿no lo hizo castigando así el despojo de su nacionalidad limpiamente obtenida, lo que trajo, como consecuencia, la pérdida del control de Frecuencia Latina?
¿Y cómo quedamos los que protestamos, escribimos, hablamos y rabiamos por este peruano adoptado con todas las de la ley?
¿Y qué decir del toledismo piltrafudo que hizo una ley con nombre propio, admitió un arbitraje para atender los reclamos de dinero de Ivcher, y giró un cheque del Banco de la Nación a favor del dueño de Canal 2 y por un monto de seis millones trescientos mil dólares, que traducidos a soles fueron más de veinte millones de soles, cheque que fue cobrado un 22 de diciembre del 2005 en una ventanilla discretamente preparada para que el mensajero se llevara el efectivo, cheque que jamás habría aparecido si este humilde servidor no lo hubiese exhibido en público?
¿Se someterá el aprismo a los encantos que cada noche lo piropean desde la pantalla?
¿O se atreverá a probar la presión de Ivcher y su capacidad, sabiamente administrada, de infectar la pantalla?¿Se negará el ministerio público a abrir una investigación?
¿Dirá algo la ministra de Justicia, tan interesada en meterse en los asuntos de los procuradores que ven el caso Fujimori?
¿Será todo esto parte de una nueva negociación de auxilios mutuos y canje de aguas turbias?
¿O es que el verdadero asunto está en el Tribunal Fiscal, que hasta ahora no se pronuncia sobre la negativa de Ivcher de pagar una deuda tributaria de 54 millones de soles, aduciendo que esa deuda fue contraída en los tiempos en los que él sufría la persecución y el despojo de su nacionalidad peruana?
Siendo israelí, ¿puede el señor Ivcher ser propietario de un canal de televisión, cuando la ley peruana veta tal posibilidad?
En realidad, sí puede. Ángel González, un sombrío coleccionista de canales, es mexicano como el PRI –aunque su verdadera ciudadanía es la de la mafia televisiva con sede en Centroamérica– y, sin embargo, se ha adueñado de los canales 9 y 13 de Lima, Perú. Y con tal de que el 9 y el 13 no se metan en política, todo seguirá igual.
Así es la vaina. Igual que en “Recargados de risa”.
César Hildebrandt
Fuente: La Primera

1 comentario:

matutino dijo...

Hablando de pasaportes, en esta página pueden ver como obtener la nacionalidad espanola y la nacionalidad italiana. Espero que les sirva!

Abrazo!