sábado, noviembre 26, 2005

Congresaurios y “electarado”

Observo, con la misma indignación que todos, esta actitud del Congreso de tratar de sacar la mayor cantidad de dinero posible como fin de fiesta. A continuación transcribo algunas líneas dispersas de un artículo que publiqué tiempo atrás aquí (16-10-01) cuando era columnista: “Una especie que no está en peligro de extinción es el ‘congresaurio’ (parlamentaris demagogis), temible fósil viviente. Lamentablemente, el congresista (parlamentaris sensatus) está casi extinto. El congresaurio es un ser depredador y parasitario que se reproduce cada cinco años cuando entra en un exasperado celo demagógico y de promesas para alcanzar ese nido cálido y con teta llamado curul. Pocos alcanzan ese objetivo; a menudo los peores (antidarwinismo). Su cerebro es bastante diminuto en comparación a su boca. Su aparato fonador es impresionante: pueden mover la lengua por horas sin decir nada sensato. En cuanto a su dieta, es un presupuestívoro voraz que gusta vivir del Estado, aunque también se alimenta de unos platos de origen anglo llamados cherries y lobbies y hasta del árabe marmaja. Alimentos anteriores fueron lechuzones, búfalos, caballos, sushis y beepers, pero su favorito es la demagogia, delicado manjar de origen griego. También la fotosíntesis los nutre: los reflectores de tv les encantan y alimentan su ego, parte principal de su cerebro. ¡Pueden morir si no salen en un noticiario o una primera plana! Mudan de piel con facilidad. ¡Así, pueden ser de tres partidos en menos de cinco años! Son muy ágiles: sus volteretas políticas son impresionantes. Dormitan intermitentemente. Así, es común verlos reposando tanto de día como de noche, echando cabezazos mientras otro de su especie divaga. Son nómades: les gusta viajar por cuenta del Estado. Son gregarios: suelen reunirse en comisiones múltiples para palabrear, jugar con los micros de luz roja, buscar cámaras, pelear por su lobby, traicionar sesiones reservadas, acusar sin contrastar, interferir con los procuradores y el Poder Judicial. Son muy irritables y muerden rápido”. Pero, tal como cerré aquel artículo, la culpa no es de ellos, sino de quienes los eligen, sufragando como un “electarado” sin criterio. Recordaba cómo en vísperas de las elecciones un taxista (un ex maestro que se expresaba muy bien) me dijo que iba a votar por Cecilia Tait porque “nos había dado grandes satisfacciones deportivas”. Se molestó mucho y casi me bota del carro cuando le dije que con esa lógica habría entonces que elegir presidente al Cholo Sotil o a Guillermo La Rosa, porque por sus goles nos clasificamos a los mundiales de 1978 y 1982. ¡Pobre país!.
ALDO MARIÁTEGUI
La columna del director.
Tomado del Diario el Correo

1 comentario:

Dimitri Senmache dijo...

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Dimitri Senmache
dsenmache@democracia.org.pe