jueves, junio 16, 2005

Mitos y cuentos.

Increíble cómo algunos no tienen algo más útil en qué ocuparse que buscar cambiar el himno nacional y distraer el valioso tiempo del Tribunal Constitucional en esa nimiedad. ¿La mentalidad y la ética peruana van a mejorar dramáticamente si cantamos otra estrofa? ¡Por Dios! Es como cuando Castañeda movió absurdamente la estatua de Pizarro (manu militari y de sorpresa). ¿Qué “cambio cultural” significó eso? ¡Tonterías! Es que vivimos de mitos y antimitos absurdos. Por ejemplo, hay toda una veneración olímpica a Bolívar, cuando nos hizo un gran daño (y a Latinoamérica) al permitir nacer ese “estado” inviable llamado Bolivia (la mejor prueba de eso es que sus presidentes han durado menos de dos años como promedio) y fomentando la aparición de otro similar al mutilar Guayaquil a Perú. Bolivia (se le llamó inicialmente “República de Bolívar”, en un ataque de adulación realmente repelente) nunca se debió separar del Perú (o en todo caso pertenecer definitivamente a Argentina, ya que también fue parte de ese virreinato), así como Guayaquil siempre debió ser peruano (recuerden que Bolívar fuerza su separación de Perú en una conferencia, en ese puerto, con San Martín) y ya el resto de Ecuador debió integrar Colombia. Otro mito es que “Alfonso Ugarte se arrojó del Morro”, cuando en Basadre figura cómo un artillero presenció su heroica muerte y me parece que hasta hay restos enterrados. Otro es que se “combatió bravamente” en San Juan, cuando basta leer Los testimonios británicos de la guerra del Pacífico de Celia Wu, o a González Prada, para ver que fue una deserción masiva. Uno moderno es que Toledo es “el primer Presidente cholo”, olvidando a Santa Cruz, San Román, Sánchez Cerro o Velasco. Y esa broma de que “los incas tenían bandera”, cuando esa enseña (¡igual a la gay!) la creó el periodista cusqueño Raúl Montesinos Espejo en los 70. O que el Perú es un “país agrario”, cuando es definitivamente un país forestal (70% de bosque tropical). O al cardenal Cipriani –que no es santo de mi devoción, ojo- le atribuyen, siempre con mala leche, que dijo que “los derechos humanos eran una cojudez”, cuando se refería a un ente llamado “Coordinadora de Derechos Humanos”, no al concepto. O llegará el verano y se volverá a hablar de las malvadas “playas privadas” del sur cuando son clubes (todo club, por definición, es sólo abierto a sus socios y cerrado a los demás) que terminan a muchos metros del mar y que, conforme a ley, tienen pasadizos para ingreso libre a la playa en Cayma y Palabritas
ALDO MARIÁTEGUI

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