martes, mayo 24, 2005

María Antonieta Karp y Lady Diana

Eliane tiene tiempo para “zamparse” en el cine sin hacer cola y en las narices de la pobre gente que ha estado allí esperando cuatro horas, pero no acude, como debe hacerlo todo ciudadano, a una cita en el Poder Judicial. Después se pregunta por qué la detestan... ¿Quién se cree? ¿La reina María Antonieta? Y Lady Bardales es policía de tránsito, pero maneja sin brevete, sin placas y sin SOAT… Es que lo que se refleja en ambas es la falta de civismo que campea en nuestro país. Paso a contar lo que me sucedió una vez en EEUU, para que entiendan su significado. Un pariente me estaba llevando al hotel ya por la noche cuando le pedí que se detenga fuera de una farmacia (un típico Walgreen). Como no había sitio en el parqueo, me esperó en doble fila con sus intermitentes mientras me bajaba del auto, que era alquilado (mi pariente no vivía en ese estado). En ese momento, un carro retrocedió como una tromba, nos chocó violentamente y fugó, dejándonos con el auto muy magullado. No había pasado ni dos minutos cuando el vendedor del Walgreen –un gringuito que seguramente hacía un trabajo veraniego– salió con un par de vasos de agua, lamentó lo ocurrido y nos dijo que había llamado a la Policía. No había pasado 10 minutos cuando se apareció un muy correcto marshall que, muy amablemente, nos dijo que su Estado lamentaba lo ocurrido a nosotros como turistas y procedió a levantar su parte. En esos momentos, regresó el auto que nos había chocado, escoltado por otros dos coches, con sus intermitentes puestas. Resulta que eran dos automovilistas –que no se conocían- que habían presenciado el accidente y habían perseguido a la infractora (una gringa cincuentona, guapetona), obligándola a regresar. Nos dieron atentamente la mano y se fueron. El policía le preguntó por qué había fugado y ella dio una excusa tonta. El guardia respondió que, sólo para no hacerle más problemas a los señores turistas, iba a pasar por alto su fuga y su estúpida explicación, pasando a inquirirle si quería ir a la corte o que su seguro pague. Ella optó razonablemente por lo segundo, firmó un par de papeles y todos nos fuimos muy tranquilos. Al día siguiente dejamos el carro en la agencia con el papel del seguro firmado y se acabó el cuento sin complicaciones (aquí todo hubiera sido una pesadilla). Impresionante cómo funcionó el sistema y cómo actuó la gente. Eso es civismo, es civilización.
Por: Aldo Mariátegui
amariategui@epensa.com.pe

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