sábado, febrero 05, 2005

La Diplomacia Toledista.

Una de las directrices que un país debe tener para afianzar su posición como nación independiente, así como su influencia en el contexto de la comunidad internacional, son las políticas que se aplican en materia de Relaciones Exteriores.
Los temas de Política Exterior y Relaciones Internacionales son considerados por el gobierno como “chauchilla”, tal como lo explicó el inefable Henry Pease, mostrando su desprecio y el de su actual partido por presidir la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso. Esto muestra la falta de perspectiva política de los actuales dirigentes de Perú Posible en menoscabo de los intereses del país.
Esta ignorancia y desdén por los asuntos internacionales del Perú se muestran no solo en el Congreso sino en el propio Poder Ejecutivo. Es especialmente en este último Poder del Estado donde se cometen las más absurdas acciones en desmedro de nuestra identidad como nación y que sus hechos trascienden a nivel internacional.
La primera vergüenza internacional la protagonizó el propio Presidente Alejandro Toledo en un viaje a Bolivia cuando un periodista de ese país le inquirió que “el tratado de 1929 es el candado de una salida al mar soberana para Bolivia”. Y ésta fue su respuesta contundente, con ese engolamiento de voz tan característico, con su típico tono de autoridad docta: “si el Perú tiene la llave de ese candado, nosotros lo abrimos, ¿cuál es el problema?”.
Irresponsable
El artículo 1° del Protocolo Complementario del Tratado de 1929 establece que ni el Perú ni Chile pueden, sin previo acuerdo, ceder, a una tercera potencia, los territorios de Tacna y Arica. Además es sabido en el ámbito diplomático que ya Chile habría hecho una consulta al Perú para ceder a Bolivia una franja de territorio al norte del histórico puerto, y que parte de la política exterior chilena es de entregarle esta franja a fin de que Bolivia tenga su tan solicitada salida al Pacífico.
El Presidente peruano, remando contra la historia de nuestro país, ignoraba que el puerto de Arica se perdió, no por un plebiscito que nunca se realizó, sino que la nación boliviana permitió la construcción del ferrocarril de Arica a la Paz precisamente cuando la soberanía de Arica estaba en disputa y Chile usufructuaba indebidamente de su posesión. Las declaraciones de nuestro Presidente alimentaron irresponsablemente las esperanzas del pueblo boliviano que veía en Toledo nada más y nada menos que el Presidente que los sacará de su enclaustramiento. Bastaría solo que se le mande los documentos correspondientes y el “sano y sagrado” por decreto le podía dar el permiso a Chile para la salida al mar de Bolivia. No tardó el Canciller Diego García Sayán en tratar de traducir el papelón internacional del Jefe del Estado peruano.
¿Honor o vergüenza?
Otro de los deslices torpes en materia de Relaciones Internacionales del actual gobierno lo protagonizó el entonces Ministro de Justicia Fernando Olivera cuando llevó documentos falsos al Vaticano, tratando de menoscabar el prestigio del actual Nuncio Apostólico Rino Passigato y del Cardenal Juan Luis Cipriani. Y es que en dichos documentos se vinculaba a las autoridades eclesiásticas como parte de la “mafia fujimorista”.
Olivera tenía autorización para viajar a una cita anticorrupción que se realizaba en la Ciudad de Praga, en la actual República Checa, y debía sostener reuniones propias a la función en la ciudad de Roma – Italia, todo esto de acuerdo a la Resolución Suprema N° 483-2001-PCM. Violando todo el protocolo y las instrucciones que tenía, Olivera visita la Ciudad del Vaticano pensando que es un distrito de Roma, con la finalidad de desprestigiar a los altos representantes de la iglesia católica afincados en el Perú y poniendo en riesgo las Relaciones Internacionales entre ambos Estados.
Prueba de la vergonzosa actuación del ministro peruano es La Pro Memoria enviada por el Vaticano, donde se registra la entrevista de Olivera y el Monseñor Leonardo Sandri. El primero manifiesta que su presencia obedece a una petición del Presidente de la República y cuando es interrogado por Sandri, Olivera le da la validez a los documentos apócrifos.
Como premio a la impecable y fructífera labor que realizó ante el Vaticano, donde se demostró conocimiento y destreza diplomáticas nunca antes vistas en la historia de nuestro país, el señor Olivera, al dejar el Ministerio de Justicia, fue promovido a ser nuestro máximo representante ante el Reino de España. ¡Qué honor o qué vergüenza!
Otro baldón
Como uno de los baldones más vergonzosos que se ha propinado contra nuestra diplomacia y en especial contra la representación como nación en el exterior, es el nombramiento de un agregado cultural, que a duras penas logró terminar su educación básica y cuyo único mérito es ser un chamán con doble identidad.
De acuerdo a la Resolución Ministerial 0668-2002-RE del 28 de junio de 2002 se nombra como agregado civil del Perú en Guatemala a Eugenio Timoteo Carlos Tovar Tapia, que goza de la amistad de la primera dama, quien ya antes había hecho nombrar a su hermano cónsul honorario en Europa. El currículo académico de este señor se concentra a que solo realizó estudios primarios y su actividad conocida es la de “chamán”. Pero esto no es todo, de acuerdo a las versiones de un diario local que destapó el escándalo, el “chamán” tenía doble identidad, esto obedece -según Tovar- que esgrimiendo “razones de identidad cultural religiosa y étnica”, cambió de nombre a Carlos Amarunina Tapia. Lo más saltante de esta doble identidad es que en la primera es casado y solo tiene primaria y en la segunda es soltero y culminó sus estudios secundarios.
Seguramente estos cambios ya no del nombre sino de los estudios y del estado civil, no obedecen a cursos por larga distancia y mucho menos a un excelente coeficiente intelectual, lo más probable es que provenga de un buen amarre con baño de florecimiento con pasada de cuy incluida.
El G-21
Pero estos casos pueden pasar al anecdotario de la historia, hay otros dos que son peores, donde ya revisten la seguridad del país como el de la suscripción de un acuerdo sobre cielos abiertos y el otro donde se nos coloca como títeres de los EE UU al retirarnos del G-21.
En el caso de los “Cielos Abiertos” el Poder Ejecutivo, pasando por encima el estudio y referendo del Congreso, suscribe un acuerdo en el marco de la APEC que en la práctica beneficia solo a nuestro vecino del sur, dejando nuestro espacio aéreo vulnerable. Este hecho resulta grave por la responsabilidad del Ministro de Relaciones Exteriores y el entonces Primer Vicepresidente que se encontraba como Ministro de Comercio Exterior y Turismo. Posterior a este escándalo el Vicepresidente hizo una norma especial, para que el padre de su novia no se vea afectado económicamente al pagar impuestos como concesionario de un restaurante en el aeropuerto Jorge Chávez. Todo esto dice bastante de las calidades personales y morales de esta autoridad, que se vio obligado a renunciar, no por el asunto grave que afectaba al país, sino por la norma que benefició a la familia de su pareja sentimental.
El vergonzoso retiro del Perú del G21, para así negociar un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, el entonces primer vicepresidente de la República, Raúl Diez Canseco, ha reconocido ante el Congreso que la decisión de retirar al país del G-21 la tomó él mismo, en vista del “malestar” norteamericano a fin de evitar que se nos niegue la posibilidad de negociar un Tratado de Libre Comercio bilateral con la gran potencia del norte. Lo que demuestra la controvertida e inconsulta decisión es la ausencia de un rumbo claro en los distintos procesos de negociación comercial internacional de la nación.
El G-21 es liderado por Brasil e integrado por gran parte de Latinoamérica además de China, India y Egipto, creado con el propósito de presionar por la eliminación de los subsidios que los EE UU y la Unión Europea otorgan a sus agricultores. Era necesaria la cohesión del bloque latinoamericano del G-21 para fortalecer su capacidad negociadora pero el gobierno norteamericano tiene la clara intención en debilitar y dividir al G-21. Primero se habla de integración con Brasil y nuestros pueblos y apenas los EE UU proponen las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio, el Perú olvida su posición primigenia deshaciendo la “integración” de la que tanto había hecho alarde.
Casos menores
Las Relaciones Exteriores deben de ser conducidas por personal calificado, o por lo menos idóneo y con conocimientos en política exterior; además de estos casos existen otros de menor importancia. Podemos citar el del cónsul del Perú en Zurich Ricardo Marticorena García, quien fue pescado in fraganti por intentar robar en un supermercado; el caso del Cónsul del Perú en Tokio Carlos Irigoyen Forno, separado del cargo por acoso sexual a una practicante; y finalmente el caso del Embajador del Perú en Austria Javier Paulinich Velarde, acusado de usar fondos de la Embajada en asuntos personales.
Pero para adornar toda esta torta, en el Congreso se ha nombrado a Gustavo Pacheco Villar como Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, nombramiento que ha causado sorpresa, ya que la prudencia y el tino son la base para la marcha de la política internacional del Estado peruano. Pero quien ahora la preside se caracteriza por no tener esas cualidades, sino recordemos sus frecuentes roces con el Canciller Rodríguez Cuadros y su intento absurdo de ir al Japón ejerciendo, según el susodicho, la “diplomacia parlamentaria” para traer a Fujimori. De haber ido el papelón internacional hubiera sido aplastante.
Todo esto demuestra la crisis de la política exterior y del servicio diplomático peruano, acrecentada por aquellos que tienen cargos solo de favor, siendo el único aporte al país sus acciones en desmedro de la dignidad que un representante peruano debe tener en el exterior. ¿O es que para ser Diplomático se necesita ser “chamán”, ilusionar a otras naciones modificando límites o llevar documentos falsos excediendo órdenes superiores?.
Tomado de La Razón.

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